lunes, 6 de octubre de 2008

Que tu alimento sea medicina, que la medicina sea alimento...

Según el aforismo de Hipócrates, "el alimento que cura también conserva la vida"; luego, nos enfermamos por alimentos impropios. La humanidad -como dice otro sabio- cava la sepultura con sus propios dientes.

Tan pronto como nos proponemos corregir nuestros malos hábitos alimenticios, emprendemos la jornada hacia el blanco más ideal a poder ser alcanzado: la salud.

La vida se sustenta con la vida, o sea, con alimentos vivos, tales como vienen del laboratorio de la Naturaleza.
La alimentación edénica -primitiva- era constituida de frutas y verduras crudas. El arte de cocinar los alimentos trajo como resultado la decadencia física, y las muchas enfermedades se deben al artificio de la cocina.

Todos los animales eligen sus alimentos específicos en estado crudo. Así, por ejemplo, vemos los carnívoros que se deleitan con sus presas bañadas en sangre; los herbívoros como: los bueyes, elefantes, caballos, etc., se complacen con el verde pasto de los prados; los granívoros (roedores y muchas aves), se complacen con las semillas gramíneas crudas; los frugívoros (simios en general), viven de frutas crudas, hojas verdes, bulbos, etc.

Grandes naturalistas como: Cuvier, Flourens, Sappey, Darwin y otros, en base a la anatomía y fisiología comparada, establecieron la naturaleza frugívora del hombre. ¿Qué sería si el hombre siguiese esa ley natural, de usar los alimentos destinados a su uso, como los ofrece la Naturaleza?
Se viviría una existencia más larga, sin las terribles enfermedades que azotan a las civilizaciones, como ser: la obesidad, que constituye en nuestros días un verdadero problema, la tuberculosis, que lejos de manifestarse en los simios que viven en plena naturaleza, aparece con frecuencia en aquellos que viven en jaulas; la arteriesclerosis, una enfermedad que deriva exclusivamente de la nutrición; las várices, que tanto afean y hacen sufrir a millones de seres humanos, en fin, toda una cadena, hasta llegar al terrible cáncer, verdadera plaga del siglo XX, pero plaga que es un tributo caro que pagamos por todas las transgresiones infringidas contra las leyes de la Naturaleza.

El único remedio para acabar con las enfermedades consiste en obedecer estrictamente a las leyes de la Naturaleza y en materia de alimentación, sería volver al crudivorismo edénico.
Hemos heredado de nuestros padres costumbres equivocadas, las cuales ellos heredaron de nuestros abuelos, y así sucesivamente, hasta remontar a miles de años. Estas costumbres no pueden ser desarraigadas de la noche a la mañana pero no por esto debemos desanimarnos en la lucha para alcanzar el blanco.

Por lo general, establecemos un blanco en nuestra vida y no siempre lo alcanzamos. Unos llegan más cerca, otros más lejos, pero todos corren mirando al blanco. Esto también es posible con el problema en cuestión.
Hemos visto personas viciadas con el hábito de fumar y tomar alcohol que poco a poco fueron abandonando estos perniciosos vicios, conscientes que de ellos eran esclavos.
Luego subieron otro escalón, abandonando muchos alimentos dañinos y malsanos, sustituyéndolos por otros más naturales. Sorprendidos por los magníficos resultados obtenidos, desaparecieron así muchas enfermedades, optaron por seguir más adelante, comprobando que cuanto más nos ajustamos a la ley natural, mayor será nuestro beneficio personal.

El crudivorismo (hábito de comer los alimentos crudos), aunque no sea posible en todos los casos y de una manera continuada, debe ser practicado periódicamente, pues está comprobado que es el tipo de alimentación vitalizante y reconstituyente indicado como un medio eficaz en la curación de la mayoría de la enfermedades.
Como regla general, debemos usar muchos más alimentos crudos y menos alimentos cocidos. Muchos cocinan todo, pensando tornar más digestivo al alimento y evitar la contaminación.
- En el primer caso sólo se justifica cuando se trata de alimentos no asimilables en estado crudo, es decir, cuando el organismo no puede asimilar los almidones de ciertos alimentos crudos, como: papas, mandioca, etc., y todos los cereales y legumbres, alimentos estos que tienen que ser sometidos al proceso de cocimiento antes de ser ingeridos.
Todas las frutas y una gran parte de las verduras, son siempre más digestivas en estado crudo y mucho más vitalizantes, puesto que todos los elementos vitales son destruidos por la cocina.
Un organismo alimentado con alimentos muertos se debilita más y más, y es esto lo que disminuye su capacidad para digerir los mismos.
Un organismo así debilitado de elementos vitales, está mucho más predispuesto al contagio, pues no ofrece resistencia a los microbios patógenos, cumpliéndose así el axioma de Claude Bernarde: "El microbio no es nada; el terreno es todo".

- En el segundo caso -contagio- se evitará lavando bien cualquier fruta o verdura antes de usarla. Además, es un deber de higiene practicar esta regla. Las frutas son sometidas a tratamientos con insecticidas y deben ser bien lavadas. Las verduras son más peligrosas, pues pueden ser abonadas con ciertos abonos que permitan el contagio de parásitos. Por eso, toda persona que tiene algunos metros de tierra alrededor de su casa, puede cultivar las verduras para su uso.
Además de evitarse de esta forma el problema de abonos comprometedores dudosos es un placer que causa satisfacción el poder darse la tarea de cultivar uno mismo nuestra quinta. Esto, sin contar el ahorro de los egresos que casi todos los días la ama de casa dispende con el verdulero.
Grandes y maravillosas curaciones se han realizado con el crudivorismo, y como lo dice el Dr. Amílcar de Souza: "Hemos asistido a verdaderas resurrecciones" con este método. De este ilustre autor, transcribimos los siguientes párrafos:

• El vegetalismo cocinado es indispensable en la transición; pero aunque preferido al carnivorismo, tiene también sus desventajas. Los vegetarianos gozan de mejor salud que los comedores de carne o pescado, o los que beben té o vino. El que ingiere un alimento cualquiera, adulterado por la manipulación en que entre el calor, proporciona auxiliares a la población microbiana destructora de la constitución de los órganos y aparatos vitales.

• El sabio inglés Dr. Densmoore fue quien lanzó el grito de alarma contra los vegetarianos haciendo valer la necesidad de la alimentación cruda, en la que predominen los frutos oleaginosos de especies varias, como cocos, piñones, almendras, etc., especialmente las ensaladas crudas. Fue un éxito en Inglaterra, donde estos problemas se estudian y se llevan con rigor. Otros muchos médicos y filósofos han seguido los pasos del Dr. Densmoore.
La verdadera dieta del hombre se ha encontrado, y la constituye una combinacrón acertada de tres variedades de frutos: 50 o 100 gramos de nueces sin cascara; de tres a seis manzanas; de tres a seis naranjas; éstos constituyen una excelente comida. Algunas horas más tarde puede hacerse otra comida sobria y frugal como la anotada, "cocinando" con el sol y con los elementos constituidos necesarios al organismo. Es preciso unir frutos oleaginosos a los farináceos y a los jugosos. Algunas castañas de Para, seis plátanos (bananas) y seis naranjas, son lo suficiente para una de las dos comidas diarias. La dieta natural, no cocinada, es la última palabra de la bromatología.

• El cuerpo humano debe considerarse como un condensador eléctrico, que es preciso cargar con la influencia del sol, si así no se hace, las funciones orgánicas se perturban y se anormalizan. No hay argumentos que neutralicen esta concepción, y para obtener la carga proveniente de la "batería" llamada organismo, es indispensable tomar baños de sol y de aire y comer alimentos sin cocinar.

• El que come carne, pescados, huevos, preparados en la cocina, ingiere una albúmina coagulada. La leche hervida no se separa del suero ni se coagula, sino que fermenta. Los huevos cocidos no pueden producir aves. Los frutos cocinados, echados en la tierra, no germinan. Todos los males del organismo dependen principalmente del alimento cocinado, de los prejuicios de las medicinas y de la falta de aire puro y de sol. La culinaria quiso facilitar la masticación y la digestión, y por eso el hombre casi no mastica ni digiere, siendo así que si debía almorzar en una hora, lo hace en quince minutos, dando o un trabajo enorme al aparato digestivo que, pasadas cinco o seis horas, no ha podido aún convertir en apta la parte útil de los alimentos modificados por el calor.

• Una hora después de comer, todos los frutívoros (los que comen frutas) que sepan cumplir sus deberes de masticación, no tienen nada en sus estómagos. Cinco horas más tarde vuelven a sentir ganas de comer. ¡Dichoso aquel que, por saber comer, economiza trabajo a su organismo !

• Quien quiera masticar bien, debe considerar que los alimentos sólo se deben tragar después de reducidos por la masticación a una pulpa blanda. Para eso tenemos los dientes. ¿Sabemos por qué motivos se carean los dientes o se caen? Sí; porque utilizamos con preferencia los alimentos cocinados, sobre todo el azúcar, que disuelve principalmente el esmalte de los dientes. En los países que abusan de la pastelería, el café y té azucarados, los dentistas tienen mucho que hacer. La caída de los dientes, en gran número de casos, es signo de vejez precoz.

• Los frutos pueden rallarse, amasarse y hasta aplastarse, y aun así es necesario darles las vueltas precisas en la cavidad bucal con auxilio de las mandíbulas y la cara interna de las encías antes de dejarlos partir hacia el estómago? en el que están hasta que emprenden su trayectoria cíclica a través del tubo digestivo.

• Los crudívoros o, mejor dicho, los frugívoros, comen también hojas de plantas, raíces y tubérculos en ensalada; esos alimentos medicamentos, que poseen muchas vitaminas, son excelentes para proporcionar al organismo las sales necesarias para la vitalización de los nervios, músculos, huesos, etc. Una ensalada de lechuga con cebolla, aderezada con aceite virgen y zumo de limón, es un excelente depurativo y un calmante soberbio. Con el uso continuado de los berros, la lechuga, cebolla o achicoria, así como también de frutos crudos, algunos enfermos se curan de mil molestias heredadas o adquiridas.

• No es tan difícil como se cree, regenerarnos por la dieta edénica.
Una persona cualquiera, bien encaminada, puede iniciar este régimen comiendo una vez lo que dejamos escrito, y en la comida siguiente, vegetales cocinados al vapor, combinándolos con ensaladas variadas, café de cebada, pan completo o corteza de pan vulgar tostada.
No me cabe duda que las personas pudientes no querrán proceder de este modo, por la razón de que para mucha gente, comer de todo representa el mayor de los placeres.

"Sin embargo, la dieta de frutas debería constituir la salvación de la humanidad, porque está exenta de veneno y modifica la constitución celular, normalizando el organismo y purificando la sangre corrompida.
Es necesario, para congregar los beneficios de la cura, iniciarla con lógica y seguirla con lentitud y persistente criterio".

Fragmento del libro "Como vivir sano" editorial El Renuevo
publicado por la Asociación Interamericana de Biocultura
Dr. José Luis Ignatov

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